lunes, 24 de abril de 2017

LA ERUPCIÓN DEL VESUBIO: POMPEYA

Uno de los episodios de la Historia de Roma con mayor presencia en el imaginario popular es el de la erupción del Vesubio, que trajo consigo la destrucción de Pompeya y Herculano. 
 
Dicha erupción tuvo lugar el 24 de agosto del año 79 d. C. y nuestra principal fuente para el conocimiento de lo ocurrido es el testimonio de primera mano de Plinio el Joven (s. I-II d. C.), que le relató lo sucedido al historiador Tácito (s. I-II d. C.) en una carta (6, 16). En ella cuenta cómo su tío, Plinio el Viejo, intrigado por la columna de humo que ascendía por encima de las montañas cercanas, salió a investigar en una embarcación ligera, dictó sus observaciones, terminó por marchar a la playa al día siguiente con una almohadilla en la cabeza para protegerse de los restos de rocas que caían y acabó muriendo asfixiado por los vapores.
Si queréis saber más detalles, aquí os dejo una versión adaptada de dicha carta, por supuesto, en latín, que traduciremos en clase y traduciréis vosotros mismos, si alguno estudia Latín y Griego en horario nocturno.
C. Plinius Tacito salutem plurimam dicit:
In urbe Miseno eramus, [ubi avunculus meus classem regebat]. Paucis diebus ante motus terrae crebros in regione Campania, senseramus. Sed ante diem IX Kal. Sep. hora fere septima nubem magnitudine inusitata vidimus; nubes e monte Vesuvio surgebat et simillima forma pino erat. Avunculus meus, vir doctissimus, navem petivit, [quod magnam rem cognoscere atque videre e proximo loco cupiebat]. Avunculus properat illuc [unde alii fugiunt]. Iam cinis, densior calidiorque, navi incidebat; mox cadebant nigri pumices et parvi lapides. Sed avunculus navis gubernatorem incitabat: “Fortes fortuna iuvat”. Interim e monte multis locis latissimae altissimaeque flammae relucebant.
Nos autem prima diei hora Miseno excedere statuimus. Vndique audiebamus feminarum atque infantium questus, virorum clamores; multi liberos, parentes aut coniuges requirebant atque manus ad deos tollebant. Tandem obscuritas disparuit: sol rursus luxit. Misenum revenimus et tristissimam rem accipimus: avunculi mei mortem.
Esta erupción es el marco en el que se desarrolla la nada, nada recomendable Pompeya (Paul W. S. Anderson, 2014). Mucho mejor es la recreación que de este episodio hizo la BBC (2003) y que veremos en las próximas sesiones. Así que... ¡poneos a cubierto!

sábado, 15 de abril de 2017

LAS METAMORFOSIS (I)



Dilectissimi discipuli, salvete omnes! Recuperamos la normalidad tras el parón lúdico-festivo de Trivial, chocolate y vacaciones de Semana Santa, que, espero, hayáis aprovechado para descansar, ver Espartaco, Ben-Hur o La vida de Brian. ¿No? Habréis tenido tiempo de sobra, entonces, para completar la ficha sobre metamorfosis que iniciasteis, espero, hace unas cuantas semanas. Sobre ella trabajaremos en las próximas clases.
El término ‘metamorfosis’ procede, cómo no, del griego; de la unión de la preposición μετά (‘en medio de’, ‘entre’) y el sustantivo μορφή (‘forma). Así pues, podríamos definir metamorfosis como ‘el cambio de una forma a otra’. Ese es también el significado del término ‘transformación’ (< latín trans-forma).
Habitualmente asociamos la palabra metamorfosis al mundo natural, donde se emplea para referirse al cambio de forma, funciones y medio de vida que experimentan algunas especies -los anfibios, del griego ἀμφί (‘de los dos lados’) y βίος (‘vida’) -a lo largo de su desarrollo.
En la cultura popular y el ámbito de la ficción, las metamorfosis se asocian al género fantástico y de ciencia ficción. Por ejemplo, en Hogwarts, la escuela de Harry Potter, Minerva McGonagall es la exigente profesora de transformaciones y alguna gente mágica tiene la capacidad de transformarse en un animal (animagos). 

Los Power Rangers de primeros de los ’90, por su parte, solo abandonaban su apariencia corriente tras el grito de “¡a metamorfosearse!”

Este tipo de transformaciones son más que corrientes en la mitología clásica. Zeus, ya lo sabéis, adoptaba todo tipo de formas para unirse a las mortales (un toro, lluvia de oro, forma mortal...)
La principal fuente para el conocimiento de los mitos que incluyen una metamorfosis es una obra de Ovidio titulada Metamorfosis.
 Ovidio fue un poeta romano que vivió a caballo entre el s. I a. C. y el s. I d. C. Escribió, sobre todo, poesía amorosa. Una de sus obras más célebres es el Ars amandi, “el arte de amar”, en el que da consejos de todo tipo al lector -varón- sobre cómo conquistar a su amada. Precisamente esta obra fue, al parecer, motivo de que fuera desterrado al Mar Negro por Augusto, pues su tono no encajaba con las leyes moralistas del primer emperador de Roma. El propio Ovidio decía que fue desterrado por un carmen et error, es decir, “un poema y un error”. El poema habría sido, como digo, “El arte de amar” y el error ha sido objeto de especulaciones varias durante dos milenios. Hay quien habla de que Ovidio habría sido testigo de una infidelidad de la hija de Augusto o, quizá, de una relación homosexual del propio Augusto. ¿Quién sabe?
Las Metamorfosis de Ovidio son un conjunto de narraciones en verso que tratan desde los orígenes del mundo hasta la muerte de Julio César (s. I a. C.). Todas ellas terminan con una transformación.
Habéis leído acerca de la transformación de Deucalión y Pirra y de cómo, tras el diluvio enviado por Zeus para acabar con la edad de Bronce, repoblaron la tierra siguiendo las enigmáticas instrucciones del oráculo de Delfos, que pasaban por “arrojar por encima de sus hombros los huesos de su madre”. La madre, ya lo sabéis, era Gea -madre tierra- y sus huesos eran las piedras, que se convirtieron en hombres o mujeres según fueran lanzados por Deucalión o Pirra respectivamente.
Habéis leído también acerca de Pigmalión, el rey-escultor chipriota que no consideraba a ninguna mujer digna de su amor y terminó enamorándose de su propia creación, una estatua a la que la diosa Afrodita (Venus) le infundió vida. Por cierto que este mito tiene una fuerte presencia en nuestra época, gracias, sobre todo, a la comedia homónima (Pigmalión) de George Bernard Shaw (s. XIX-XX), adaptada al cine como el musical My fair Lady (George Cukor, 1964). En esta historia, un profesor de fonética y dicción apuesta con un amigo que es capaz de convertir en una dama de la alta sociedad a una florista casi, casi analfabeta y termina, claro está, enamorándose de ella. 
Más recientemente, Ruby Sparks (Dayton-Faris, 2012) acerca de un escritor que se enamora de su propio personaje.

En psicología y pedagogía, a su vez, se habla del efecto Pigmalión cuando un profesor condiciona el comportamiento de su alumno al proyectar sobre él determinadas expectativas.
En el fondo, la historia de Pigmalión es la de todo enamoramiento. Nos enamoramos de un ideal, sin imperfección alguna, y cuando la realidad choca con esa imagen perfecta se produce, inevitablemente, la decepción. Pero no nos deprimamos...

lunes, 20 de febrero de 2017

EL TEATRO GRIEGO II: LA TRAGEDIA



Hemos hablado de cómo y cuándo se celebraban las representaciones teatrales pero no de su contenido. Dentro del género teatral o dramático, había en la antigua Grecia dos subgéneros: la tragedia y la comedia.
La tragedia tenía, por lo general, tema mitológico. Sus protagonistas son héroes del ciclo troyano (Agamenón, Áyax, Orestes...), tebano (Edipo, Antígona...), etc. y el argumento se basa en su caída desde la gloria. La “moraleja” que se desprende de la tragedia es la indefensión del hombre, su falta de recursos, que es un mero juguete en manos de los dioses o del Destino. Al contemplar la caída del héroe o heroína, el público experimentaba una oleada de simpatía y lástima y se purificaba, se purgaba de pasiones que no “convenían” a la vida de la πόλις. Este efecto de la tragedia en los espectadores recibe el nombre de catarsis. Se puede decir que el teatro era una forma organizada de introducir el desorden, lo irracional, en la vida de la ciudad.
Los grandes autores trágicos griegos vivieron en Atenas durante el s. V a. C.: Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Esquilo es el primer dramaturgo griego del que conservamos una tragedia completa. Participó en la batalla de Maratón y probablemente también en la de Salamina (esta última es el tema de su tragedia Los Persas). Su obra más destacada es la trilogía la Orestía, que incluye sus tragedias Agamenón, Coéforos y Euménides.
Murió en Sicilia de un modo más que singular, tal y como se relata en el que debe ser uno de los peores capítulos en la larga historia de CSI, Las Vegas. Aquí os lo dejo para que os echéis las manos a la cabeza...

video

Sófocles fue probablemente el mejor de los trágicos griegos. Sus tragedias Edipo Rey y Antígona son modélicas y universales. Aún siguen emocionando a espectadores y lectores. De ellas hablaremos -¡hablaréis!- en las próximas sesiones.
EURÍPIDES es el más prolífico de los tragediógrafos. Sus personajes son más realistas, menos idealizados que los de Sófocles. Es el autor de tragedias magníficas como Medea y Bacantes, así como de la Hécuba, que veremos en abril.
En todas estas historias hay lugar para el incesto, el infanticidio, el parricidio y los más terroríficos y morbosos crímenes que podáis imaginar. Los asesinatos, eso sí, sucedían siempre fuera de escena y eran relatados por un heraldo, pues se entendía que representarlos ante el público atentaba contra el buen gusto. De ahí el origen del adjetivo “obsceno”. Determinadas acciones no deberían enseñarse al público, representarse delante de la escena (ob-scaena).
Espero haber despertado vuestra curiosidad sobre la tragedia. De hecho, vuestros deberes para el próximo día consisten en buscar información sobre las principales tragedias griegas. Y, como las tareas lo son menos si son compartidas, he repartido el trabajo como aquí sigue. No se trata de que lo preparéis juntos, sino de tener dos versiones acerca de cada tragedia. Tendréis un máximo de 5 min. cada uno para exponerlas ante vuestros compañeros. ¡A ello, muchachos!
David & Néstor: Agamenón
Silvia & Eva: Coéforos
Marina & Ariadna: Antígona
Alejandro & Brahian: Edipo Rey
Naiara & Javi: Medea
Eliana & Randolph: Bacantes

domingo, 19 de febrero de 2017

LO TUYO ES PURO TEATRO: EL TEATRO GRIEGO (I)



Veíamos estos días cómo los juegos circenses y los combates de gladiadores jugaron un papel importante en el Imperio Romano para mantener al pueblo entretenido y distraerlo de problemas importantes. De hecho, veíamos en Gladiator (Ridley Scott, 2000) cómo el emperador Cómodo decretó más de cien días de juegos en cuanto llegó al poder. “Pan y circo”, que decía Juvenal.
Veíamos también estos días, ya de vuelta al mundo griego, cómo en el siglo V a. C. una coalición de πόλεις griegas se enfrentó a la amenaza de los persas y los derrotó definitivamente en la gran victoria naval de Salamina. Pues bien, a raíz de esta gran victoria, la ciudad de Atenas ganó orgullo y confianza y se convirtió en punto de referencia en Grecia tanto desde un punto de vista político como cultural. Es en el siglo V a. C. cuando florece la democracia ateniense de la que tanto se ha hablado, un régimen caracterizado por la participación directa de sus ciudadanos -eso sí, las mujeres y los esclavos estaban excluidos de esta categoría-. Y es en el siglo V a. C. cuando se componen en Atenas gran parte de las obras literarias más destacadas y modélicas: los diálogos filosóficos de Platón, la obra histórica de Tucídides y, por supuesto, las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Pues bien, los espectáculos teatrales cumplieron también una función política en Atenas, aunque de manera distinta a la de los juegos en Roma. Lo estudiaremos durante los próximos días pero empecemos por el principio.
¿Qué es el teatro? El teatro es un género literario (una de las categorías o tipos en que se pueden clasificar las obras literarias por su contenido y forma) narrativo (es decir, que cuenta una historia), dialogado y, en la época en que nos interesa, en verso. El término ‘teatro’ procede del griego θέατρον, que se relaciona con el verbo θεάομαι, ‘contemplar’. El teatro era y es, en efecto, un espectáculo visual. Así como una novela o un poema se escriben para ser leídos, el teatro se escribe para ser representado por actores, con escenografía (es decir, decorados), música, etc.
‘Teatro’ es también el lugar donde se realizan las representaciones. En la antigua Grecia se construían aprovechando una pendiente, en la que se instalaban las gradas. Al pie de la grada había una parte circular, la orchestra, en la que se situaba el coro -ya veremos lo que era y su función-. Tras la orchestra estaba la escena, un edificio que servía para apoyar los decorados. Delante de la escena estaba el proscenio, donde se encontraban los actores.

Teatro de Epidauro
Los actores (ὑποκρυτής) eran solo tres y llevaban el rostro cubierto con máscaras para poder representar diferentes papeles. Eran siempre hombres, ya representaran papeles masculinos o femeninos. En las representaciones participaba también un coro (de 12 a 15 hombres), cuyas intervenciones eran cantadas. Representaba a un colectivo con mayor o menor importancia en la historia representada. En la tragedia Hécuba, por ejemplo, que leeremos y veremos representada en abril, el coro está formado por prisioneras de guerra troyanas.
Las representaciones, patrocinadas por ciudadanos, eran todo un acontecimiento en la vida de la ciudad y se hacían coincidir con grandes festividades religiosas en honor de Dionisos. Las obras representadas eran tragedias y comedias y se concedían premios al mejor dramaturgo, protagonista y corego.

miércoles, 8 de febrero de 2017

LAS GUERRAS MÉDICAS



Las Guerras Médicas tuvieron lugar en el siglo V a. C. (490-479 a. C.) y enfrentaron a una coalición de griegos y a los persas o medos -de ahí el nombre, que nada tiene que ver con la Medicina-. Al margen de la legendaria expedición que, según los poemas homéricos, llegó a las costas de Troya para recuperar a la bella Helena, fue esta la primera ocasión en que se produjo la unión de los griegos -organizados hasta entonces en ciudades-estado independientes-. Su objetivo era prestar su apoyo a las colonias jonias que habían sido conquistadas por un imperio persa en plena expansión, dirigido primero por Darío y después por Jerjes

Tres son las batallas más célebres que determinaron el rumbo de esta guerra:

1. La batalla de Maratón (490 a. C.):
En el año 490 a. C. un gran ejército persa se hizo al mar Egeo y, tras destruir parte de Eubea, se dirigió al Ática, desembarcando en Maratón. Los atenienses hicieron una petición de ayuda a Esparta, petición que, al parecer, llevó Fidípides con una rapidez asombrosa. Sin embargo, se encontró al llegar con que los espartanos estaban celebrando la fiesta de las Carneas y no quisieron ponerse en marcha de inmediato por escrúpulos religiosos. Los atenienses se vieron obligados a hacer frente a los persas en evidente inferioridad numérica pero sorprendentemente se hicieron con la victoria. Los espartanos llegaron a tiempo de contemplar el ensangrentado campo de batalla.

Os sonará, supongo, la leyenda que vincula esta batalla con el origen de la actual carrera de Maratón. Dicha leyenda, al parecer infundada, relata que Fidípides, después de haber ido corriendo de Atenas a Esparta en busca de ayuda y de vuelta a Atenas para informar de la negativa, habría ido después hasta la llanura de Maratón para participar en la batalla y después regresado a Atenas -siempre a la carrera- para anunciar la victoria con las palabras “Salud, hemos vencido”. No es de extrañar que, siempre según la leyenda, muriera nada más pronunciar estas palabras. 



2. La batalla de las Termópilas (480 a. C.):
Los griegos decidieron hacer frente al avance persa por Tesalia en el estrecho paso de las Termópilas. Durante dos días, Leónidas, con un pequeño contingente rechazó a un ejército persa muy superior causándole muchas bajas. Sin embargo, un traidor llamado Efialtes mostró a los persas una senda en la montaña por la que podían rodear la posición griega. Cuando Leónidas advirtió lo sucedido dio la orden de retirada pero se mantuvo con trescientos espartanos resistiendo hasta la muerte. 

Habréis reconocido, supongo, el argumento del cómic 300 de Frank Miller o de su más célebre versión cinematográfica, dirigida por Zack Snyder.



3. La batalla de Salamina (480 a. C.):
Poco después de la derrota espartana en las Termópilas, se produjo la gran batalla naval de Salamina. Temístocles, general ateniense, fiaba la protección de la ciudad de Atenas a la flota, pues en ese sentido interpretaba un oráculo de Delfos, según el cual los atenienses debían confiar en una “muralla de madera”. Los persas asolaron el Ática e incendiaron la Acrópolis. Sin embargo, en los estrechos de Salamina los persas sufrieron una derrota definitiva. A esta batalla está dedicada la tragedia de Esquilo Los persas.

Como consecuencia de las Guerras Médicas los griegos fueron desarrollando una identidad nacional helena más fuerte y la pólis ateniense ganó en orgullo y confianza.

Responded en vuestros cuadernos a las siguientes cuestiones:
1. ¿A qué hace referencia el término 'médicas'?
2. ¿Cuándo se produjeron estas guerras y a quién enfrentaron?
3. ¿Qué relación existe entre la batalla de Maratón y la prueba atlética?
4. Resume en unas pocas líneas la batalla de las Termópilas
5. ¿Quién venció en la batalla de Salamina?